El vino de Toro viajó al Nuevo Mundo bautizando su descubrimiento, debido a sus características que le hacían perdurar y conservarse en viajes largos. Tras la invasión filoxérica en España (1870), el cultivo de la vid sufre una gran reconversión y fue en Toro donde la variedad Tinta de Toro que anclaba sus raíces en terrenos arenosos sueltos y bien drenados escapó a la filoxera y sus vinos hasta se vendían en Francia. El 26 de mayo de 1933 a Toro se le otorga por primera vez la Denominación de Origen.
